Ernesto Ortega: "Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor"

Pierre Bonnard


Cuestión de tiempo
Cuando la vi por primera vez estaba tendida al sol, sobre la arena. Llevaba unas gafas oscuras y un bikini rojo, y bastaron un par de segundos para saber, sin ninguna duda, que quería pasar el resto de mi vida a su lado. Desde entonces, dedico todo mi tiempo a buscarla. Esta tarde la he encontrado. El sol ya comenzaba a ponerse en el horizonte y una brisa suave me acariciaba el rostro. Mientras corría hacia ella ha vuelto a suceder. La arena ha empezado a desaparecer bajo nuestros pies y nos hemos precipitado al vacío.
Durante un instante he logrado agarrar su mano. Luego, todo ha sido muy rápido. Una montaña de arena se nos ha venido encima y nos hemos soltado. Alguien ha debido de darle la vuelta al reloj. Ahora tendré que encontrarla de nuevo.

Adicciones
Ana solo tenía un defecto: siempre olía a tabaco. Todavía no había apagado un cigarrillo y ya tenía encendido el siguiente. En la mesa del salón, con la televisión de fondo, el cenicero se llenaba de colillas. Cada vez que le pedía que lo dejase, me contestaba con evasivas. Pero el amor también se consume y un día le obligué a elegir: o el Marlboro o yo.
Ahora, cada noche, antes de meterme en la cama, enciendo un cigarrillo. Cierro los ojos y doy una calada. Inspiro y la nicotina viaja a través de mi cuerpo hasta llegar a mis pulmones. Espiro y una nube de humo se extiende por la habitación y se difumina en la blancura del techo. Después apago la colilla y la luz. El olor trepa por las sábanas. Solo entonces consigo dormirme.

Colada
Coincidíamos muchas tardes tendiendo la colada. Las ventanas estaban tan próximas que nuestra ropa parecía confundirse y una ligera corriente de aire serpenteaba por el patio de luces, balanceando las cuerdas. Las mangas de mi camisa se estiraban hasta rozar su blusa, mis pantalones se agitaban intentando aproximarse a su falda y mis calzoncillos se mostraban desvergonzados delante de sus prendas más íntimas. Mientras yo tendía los calcetines y las sábanas del dormitorio, ella iba colgando la ropa de los niños, el mantel de cuadros del comedor… Poco a poco, las cuerdas se iban curvando por el peso, hasta que acabábamos de tender la ropa. Entonces cerrábamos las ventanas y volvíamos a nuestras vidas.

Echar raíces
Como mi novio no quería que nos fuésemos a vivir juntos, decidí plantarlo. Lo hice cuando llegó la primavera, en la parte de atrás del jardín, para que le diese el sol de la tarde. Cada mañana lo riego y le pongo música en la radio. De vez en cuando le podo la barba y los pelillos que le asoman por la nariz. Ya ha echado raíces. Ayer, por fin, le brotaron las primeras flores.

Empezar de cero
Dicen que todos tenemos un doble. Yo tropecé con el mío un mal día que había discutido con mi mujer y las acciones de la compañía habían bajado más de 30 puntos porcentuales. Entró en el metro tocando el acordeón. Llevaba una gorra de marinero y hacía días que no se había afeitado. Mi primer impulso fue ocultarme tras las páginas salmón del periódico para evitar que me viese. Lo observé durante un par de estaciones. Parecía feliz. Interpretó un par de melodías –tocaba bastante bien– y pasó la gorra por el vagón. Sonreía, deseando un buen día a todo el mundo, incluso a aquellos que no se dignaban siquiera a mirarle a la cara, pero apenas consiguió un par de monedas. Al pasar a mi lado, le eché un billete de 50 euros, le miré fijamente a los ojos y le dije: “¿Quieres ganarte unos cuantos como este?”.
Se afeitó y se cortó el pelo. Acordamos que me sustituiría los martes y jueves por la tarde en la empresa, los lunes y los miércoles se acostaría con mi amante, los viernes saldría a cenar con mi mujer y los domingos llevaría a mis hijos al cine. Reconozco que lo está haciendo bastante bien. Aprende rápido y, a cambio, le pago un buen sueldo. Mi mujer no sospecha nada, a los niños se les ve felices, mi amante está encantada y la empresa continúa en caída libre. Poco a poco empiezo a encargarle más tareas. Mientras tanto voy aprendiendo a tocar el acordeón.

Furtivos
Y un día prohibieron hacer el amor. Argumentaron que, como la reproducción de nuestra especie estaba totalmente garantizada por los avances científicos, ya no sería necesario ensuciar nuestros cuerpos con actos impuros. Al principio, desafiamos la ley y hacíamos el amor en privado, hasta que comenzó la represión.
Entraban de noche en las casas de todos los que éramos sospechosos de infringir el artículo 47.7, con la intención de sorprendernos in fraganti. Rompieron cristales. Derribaron puertas. Nos fotografiaban desnudos y nos sacaban a rastras de las habitaciones. Se nos acusó de pervertidos, de inmorales, de revolucionarios. Empezaron las delaciones y los interrogatorios, los procesos, las castraciones, las ablaciones. Pronto se prohibieron las caricias, los besos, las miradas. Para entonces muchos ya habíamos decidido huir de las ciudades y cada noche hacíamos el amor en los baños de los aeropuertos abandonados, en los coches de los desguaces, en las barcas encalla das de las playas, en los cobertizos de las granjas derruidas que encontramos de camino hasta aquí, donde todos vosotros habéis nacido, donde podréis seguir amándoos en libertad.

Llamadas
Hoy me ha vuelto a llamar nada más empezar el telediario, como suele hacer cada día desde hace cuatro o cinco meses. Habla sin parar, como si su boca estuviese llena de palabras. Me cuenta que se ha cortado el pelo, que ha estado lloviendo toda la tarde, que ha descubierto un bar donde sirven un café riquísimo. Yo me dejo acariciar por la cadencia de su acento y apenas intervengo, hasta que se despide, de súbito, alegando que tiene la cena en el fuego, sin que me atreva a decirle, esta vez tampoco, que se ha equivocado de número.

Vida desordenada
Son raros días. Confusos. Desordenados, vez tal. Creciste deprisa demasiado.
Porros y besos en los colegios de los coches, en los lavabos de los asientos traseros que conducían mayores chicos que tú. Roll y rock and sexo, drogas. Hoy que te haga reír te acuestas con cualquiera y amaneces que huelen a ambientador pensiones en. Solo que esperas día aparezca alguien un y te ayude a poner tu vida en orden.

*
Ernesto Ortega nace en Calahorra, La Rioja, cosecha del 71. De niño pasa mucho tiempo en la librería de sus padres y pronto aprende a hacer la O con un canuto. Se aficiona a las letras, hasta que le ponen los puntos sobre las íes y decide estudiar empresariales. Tras abrir un paréntesis en su vida, que todavía no ha cerrado, se traslada a Madrid, donde por h o por b, acaba trabajando como redactor publicitario.
Ha ganado varios concursos de relatos y microrrelatos y sus textos han aparecido en diferentes antologías, entre ella “Deantología” (Talentura-2013), “Desahuciados” (Traspiés-2014), “Fútbol en breve: Microrrelatos de jogo bonito” (Puertabierta Editores, 2014) y “Ballenas en hormigueros: Antología hispanoamericana de ficción” (Editorial ojo de pez, 2014). En 2012 publicó en solitario el libro de relatos La dictadura del amor (LCK15) y en 2016 “Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor”, con ilustraciones de Nacho Gallego (Talentura), al que pertenecen estos textos. Mantiene el blog http://latoalladelboxeador.blogspot.com


 

Alejandro Barrón: "A manera de epílogo"

Raymond Depardon

Bierce
Aún se le puede ver vagando por los desiertos del norte. Ambrose Bierce no sabe que ha muerto en el paredón, no se ha visto el boquete que tiene donde debería de ir su corazón. A él sólo le interesa seguir en la bola, sin preguntarse por qué después de tanto tiempo sus compañeros de armas es que no han envejecido.

En la comandancia
Me llevaron a la comandancia. Me sentaron y me abofetearon. Me dijeron, me gritaron, manotearon, sermonearon; se rascaron la oreja, me rondaron, me lamieron la cara, me mordisquearon el tobillo, sacaron la lengua y tiraron litros de baba.
Tomé una vara y la lancé muy lejos.
Se fueron tras ella, ladrando de alegría.

Vampira
Ella no te supo querer, -me dice su madre, del otro lado del auricular. Pero confía en mí, que yo sí sabré... -repone con su voz más dulce y suplicante.

La H
es la cama de un enano mudo…
y
solitario.

La vecina del 604
es tan pero tan gorda... que me haré su amante.
Y así llevaré a cabo uno de los más grandes sueños de mi vida: convertirme en marinero.
Navegaré sus carnes y domaré el Kraken que guarda entre sus piernas.

A manera de epílogo
Hoy no habrá historia de terror para antes de dormir, niños... Lo lamento, estoy un poco cansado...
Y diciendo esto, empalideció, se quedó rígido, se pudrió, se hinchó, reventó, se cubrió de gusanos, quedó en los huesos, los huesos se fragmentaron, se hicieron polvo y el viento dispersó todo eso por debajo de la puerta.
¡Qué mamón! -exclamaron los niños al unísono.

***
Alejandro Barrón (Tepic, México, 1987). Ha publicado el libro de cuentos Pinche Malena (Morvoz, 2016) y las plaquettes Patrañas (NadaEdiciones, 2014), Desquiciados (NadaEdiciones, 2016) y Mozalbetes (NadaEdiciones/BUCARELI, 2017). Desde 2010 reside en la Ciudad de México. 


Miguel Ángel Molina: «Desamores y otros guiños»

Christine Von Diepenbroek


DESAMORES

Cualquier día explotará y cortará con esta mierda de vida. Ya no soporta más babas por la cara, no quiere seguir haciéndolo sin preservativo y cada vez odia más ese olor nauseabundo a sudor, orines y perfume barato.
Tumbada en la cama, recibe las embestidas deseando terminar cuanto antes. En eso él también está de acuerdo, así que en dos minutos todo ha acabado. Tras derramarse sobre ella le dice con desprecio: «Puedes largarte, he tenido suficiente». Deseosa de perderle de vista cuanto antes se malviste corriendo, pero antes de salir se vuelve y dice: «En diez minutos cenamos».


EL ALMENDRO DEL CEMENTERIO

Abril-1945: la hambruna no hace distinciones.
El mercancías viaja atestado de críos que buscan por los pueblos algo con lo que engañar al hambre. Atiborrados de necesidad saltan antes de que el tren pare, pero uno de ellos falla y pierde sus piernas en la vía. Lleva una almendra en el bolsillo y la muerte escrita en su cara. Una mujer le acoge mientras aguardan al médico del pueblo vecino. Minutos después ya nada importa. Un sermón, tierra y un agujero acaban con sus trece años. Ni tan siquiera sabían su nombre.
Marzo-2009: una vez más el almendro florece.


GUIÑOS MACABROS

Ajeno al exterior, acurrucado con una manta vieja, procura conciliar el sueño en tres metros cuadrados, suficientes para no dormir al raso. Allí solo le molesta algún trasnochador necesitado de más dinero; por eso no se sorprende cuando unos chicos le piden que abra.
Al correr el pestillo se abalanzan sobre él y le llueven los golpes e insultos. Enseguida descubre los guiños macabros de la vida. Su sueño infantil de ser bombero se cruza con el de su padre, deseoso de que trabajara con él en la gasolinera, cuando aquel líquido le empapa y la cerilla se enciende.


MIMO

Cuando Bob Esponja termina su espectáculo, Daniela aplaude emocionada. Es entonces cuando el mimo aprovecha las súplicas de los niños para vender a sus mamás un globo con la forma del muñeco. La niña se acerca hasta él y cuando Bob ve su rostro ilusionado le regala uno. Daniela se marcha feliz acompañada de su madre que, acuciada por la situación económica que vive la familia, agradece en silencio el detalle. En la plaza Manuel se cambia de ropa a toda prisa para llegar cuanto antes a casa. Sabe que al menos hoy, sí encontrará allí algo de felicidad.

***

Miguel Ángel Molina

Nació en Madrid, aunque actualmente reside en Leganés. Se licenció en Química y se dedica a la enseñanza. Los números, las fórmulas y las reacciones químicas son las que le dan de comer, pero hace unos años descubrió su afición por la escritura y los microrrelatos, y desde entonces no ha parado. Además de su blog “En 99palabras”, algunos de sus textos han aparecido publicados en revistas literarias, y otros en antologías colectivas, la última de ellas “De antología (la logia del microrrelato)” publicada por la editorial Talentura. En mayo de 2016 ha publicado con la editorial Baile del Sol su primer libro, titulado: 99x99 (microrrelatos a medida).

Miniaturas de Guillermo Samperio


 
Tatsuya Tanaka

LA LETRA ENE
La letra ene envidia a la eme porque ésta tiene una nalga más.

LAS COSQUILLAS
Las cosquillas son las hormigas del cuerpo.

LAS AGUAS DEL ESPEJO
El espejo que huye lleva agua de ríos subterráneos en sus imágenes. Debido a ello ningún hombre puede mirarse dos veces en el mismo espejo. En la segunda ocasión, las corrientes profundas del espejo podrían arrastrarlo y perderlo.

HUMO  
Enciendo mi cigarro sin darme cuenta de que tengo otro encendido; este me lo fumo en la memoria, aquel es mi absurdo.

BEBO TU BOCA
Cuando beso tus labios de agua, nunca son los mismos.

En: La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Edición de David Lagmanovich. Ed MenosCuarto – 2005

LOS VIDRIOS
Los vidrios de los trenes llevan untada la nostalgia.

BODAS DE FUEGO
Un cerillo, ataviado de novio, sale hacia la iglesia. Al llegar se entera, por boca de los cerillos parientes, que la novia escapó en compañía de un cerillo vestido de amante. El novio frota su cabeza y aparece un pequeño bonzo ardiendo bajo el cigarro.

EN MI MENTE
En mi mente de arena transita sobre el horizonte una caravana de camellos contra media naranja solar y una grácil palmera.

LA MOSCA
La mosca llena de puntos suspensivos el calendario.



EL FANTASMA



“El fantasma”, de Guillermo Samperio, está incluido en la antología Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009, edición a cargo de Clara Obligado, prólogo de Francisca Noguerol).

***
GUILLERMO SAMPERIO

Nacido en la Ciudad de México el 22 de octubre de 1948, Samperio estaba en proceso de publicar una nueva novela, titulada Vosotros los mismos, según informó el INBA.
Un adelanto de ese libro puede leerse en Maravillas malabares, antología que reúne lo más relevante de su trabajo y que fue presentada el pasado febrero en el Palacio de Bellas Artes.
De naturaleza versátil y generosa, antes de dedicarse a las letras Samperio fue vitralista, dibujante, diseñador y supervisor técnico industrial del Instituto Mexicano del Petróleo, entre 1967 y 1977. Como dibujante participó en diversas exposiciones colectivas.
Además, incursionó en la elaboración de guiones y la producción de programas radiofónicos, entre ellos La literatura hoy, de Radio Educación, y el Noticiero Cultural del INBA.
También se desempeñó en diversos cargos en instituciones públicas y privadas, como la Secretaría de Educación Pública, la editorial El Tucán de Virginia y la Universidad de las Américas.
Autor de más de una treintena de libros, su obra ha sido traducida al francés, inglés, rumano y vietnamita, y antologada en múltiples ediciones nacionales y extranjeras.
Colaboró en diversos medios, suplementos y publicaciones periodísticas, como La Jornada, Novedades, El Gallo Ilustrado, Revista de la Universidad de México y Tierra Adentro.
Integrante del Sistema Nacional de Creadores de Artes desde 1994 y del Pen Club México desde 2005, en su palmarés figuran los premios de cuento El Museo del Chopo 1976, por Bodegón; La Palabra y El Hombre 1977, por Desnuda, y Casa de las Américas 1977, por Miedo ambiente.
El Nacional de Periodismo Literario 1988 al mejor libro de cuentos, por Cuaderno imaginario, y el Instituto Cervantes 2000, otorgado por Radio Francia Internacional, por Mentirme (La mujer de la gabardina roja).
Guillermo Samperio falleció en diciembre de 2016.


Foto: Gissela Sauñe




Microrrelatos de Virginia Vidal

Van Gogh

Gotas de tinta y palabreos. Parvos relatos, de Virginia Vidal

Lavado de lana


Deshice el relleno de mi almohada y lo metí a la lavaza; pronto estuvo espesa y oscura. Amores secos, falsas ilusiones y sueños rancios estaban enredados en la lana. El enjuague diluyó la salazón de algunas lágrimas y se llevó los últimos residuos de pesadillas, tribulaciones y desvelos. Ahora estoy escarmenando los copos blancos y esponjosos; reluce uno color negro rebeldía. Las motas dejan escapar ecos de tus susurros, rebotes de tu risa; algunos nudos empecinados no sueltan tus confidencias.


Inversiones


Confirman las ratas: todo escribidor es impío. Dan fe de su inexorable devoción leyéndole la última galerada. La corrigen a su amaño; le bordan y tejen puntos. Eliminan un acento aquí; cambian una uve acá, una ese acullá. Más ciega que la fe del carbonero, la de ratas caga ruta y colma paciencia del impenitente escriba. Al fin, en delirio místico abren las jaulas de los gazapos, los echan a correr; éstos, victoriosos, se vuelven fervientes acólitos y ratifican su FE DE RATAS.


Síndrome


Me rodeas indigente de ternura. Me apretujas, me acorralas, me asfixias, me exasperas. Te esquivo, me asaltas, me persigues. Me aletarga tu sucio vaho. Me penetras, entumes, oprimes, estrangulas. Expectoras nube plúmbea. Lloriqueo, toso, me escabullo. Embozándome, respiro. Voy cediendo. Te aborrezco. Me haces falta si me alejo. Yo soy tú. Me empujas. Trastabillo y te evado. Me aturdes, te rechazo. Sabes segregar: arrinconas, separando; apartas, sojuzgando. Extenúas. Tú te arruinas. Me repelo de quererte. Resplandeces oreado. Me refulges de crepúsculos y plateas cordilleras malveando los celajes. Te repudio y te admiro. Pese al duelo, padezco síndrome de Santiago de Chile.


Iglesia de Tyn

Cada mañana, al despertar un judío praguense que escribe en alemán, corre la cortina de su ventana abierta en el muro del altar lateral de la Iglesia Tyn de la Virgen María y escudriña las actitudes remordidas de los orantes. Mirón de las contriciones, culpas y remordimientos, se baña de auras. La Iglesia de Tyn no da a la calle y su muro de piedra negra se traga la luz.


Cementerio de la ciudad vieja

K., el niño, para jugar, no tiene sino el cementerio judío de la Ciudad Vieja. Por fuerza, debe pasar ante la estatua de Jan Hus y, como toda vez, un aleteo de urraca le toca el corazón: cura que sabe latín y en checo escribe, puede asarse en la hoguera.

Dentro del cementerio no corre sino salta sorteando lápidas. Terreno erizado de piedras sin flores ni pasto, apenas unos adustos cipreses.

Nadie sabe qué deseo escribió en un papel y lo metió en un intersticio de la estela empinada sobre la tumba del rabino Loew, el creador del Golem.


Karlstein

Soberbia humana impregna la piedra del castillo construido para albergar el ascetismo, la meditación y la sensualidad atormentada de un rey lujurioso. Abajo, muy abajo, la aldea chata. Apenas un sendero tenue y escarpado accede al castillo donde nunca pudo entrar el joven K.


Acto fallido

El subconsciente del expresionista K. le jugó una mala pasada: pese al proceso y a la condena autoimpuesta, actuó en pro de la vida. Se negó a destruir a los hijos y, lanzando una botella al mar de la eternidad, se los encargó a su amigo Max Brod.


Pegazón del moridero

Envuelta en distancia y queja, cuando sube la cortina del sueño se sacude de los fantasmas amodorrados para descubrir que el cansancio del reciente baile, la larga caminata y la carrera fueron pura imaginación. Dolor palpable de no poder correr, trepar, agacharse, erguirse. Sus vértebras y coyunturas se sublevan, la ataca la tos y los pulmones resuellan como fuelles vencidos. El cuerpo duele a fondo y a pedazos como los recuerdos amargos de las injurias, las calumnias, las injusticias. Agobiados los hombros. Las manos que antes fueron tan inquietas ya no bordan, no tejen, escriben con torpeza, dejan caer las cosas, tiritan. Falla el pulso.

Los libros que fueron su razón, su juego, su vicio y sacrificio, su derroche, permanecieron un año amontonados en una bodega. Los protegió, atesoró, transportó contra viento y marea. Salen de la modorra desvencijados, fuera de orden y concierto como soldados borrachos perdidos en un campo desconocido después de la guerra.

Muchos la acompañaron en días amargos del exilio en piezas alquiladas, cuartos sobrantes junto a las cocinas: alguno maloliente a plátanos fritos, otro inundado después del repugnante desborde de una alcantarilla. Perdió la noción del espacio, se golpeaba contra la muralla al despertar porque no sabía dónde estaba instalada la cama esa vez. Se mudaba portando ladrillos y tablones para armar el improvisado estante de la biblioteca.

Ahora, casa desarmada, libros revueltos, dispersión de la mente, de los objetos, de los recuerdos. Vencimiento.

Cómo borrar la borradura. Borra dura encostrada en el alma.


Mirada interior

En las bóvedas del corazón insertaba sus sueños desbaratados. Pretendía escuchar el silencio del mundo en la noche total.


Alerce asesinado

Era un tronco poderoso, pero le embutieron una duela y la golpearon hasta rajarlo.


***

Virginia Vidal (Santiago, 1932-2016)

Novelista y periodista. Entre sus publicaciones destacan: Ensayo: Neruda Memoria Crepitante, Ediciones Tilde, Valencia, España 2003. Novelas: Javiera Carrera Madre de la Patria. RIL Ediciones, 2010 (2ª ed.). Javiera Carrera Madre de la Patria. Editorial Sudamericana, 2000; Oro, Veneno, Puñal. Brosquil Ediciones, 2002, Valencia, España; Balmaceda Varón de una Sola Agua. Editorial Los Andes, 1991. Declarada Material Didáctico complementario de la Educación Chilena, Informe Técnico Clase A Nº 110, 1991; Cadáveres del Incendio Hermoso, 1990. Premio de Literatura de la Municipalidad de Santiago, 1991. Premio de Novela “María Luisa Bombal” de la Municipalidad de Viña del Mar 1989; Rumbo a Ítaca, Editorial Pomaire, Caracas, 1987. Cuentos: Gotas de tinta y palabreos. Parvos relatos. RIL Editores 2009. Incluidos en Cuentos chilenos, edición y prólogo de Danilo Manera. Ediciones Siruela, Madrid, España, 2006; Crímenes de Mujeres, selección y prólogo: Ana Vásquez Bronfman y Virginia Vidal. Catalonia, 2004; Las mujeres cuentan, Simplemente Editores, 2010; Mujeres de palabras, Ministerio de Educación, 2009; Arden Andes. Antología de microficciones argentinochilenas. Ed. Macedonia, B. Aires 2010; La Flor del Día-Trofeos de Lectura, Raúl Brasca y Luis Chitarroni. B. Aires, 2007; La Pluma y el Bisturí, Luisa Valenzuela, Raúl Brasca, Sandra Bianchi, Catálogos, B. Aires, 2008; "Micrónicas y Chispas", en Asedios a una nueva categoría textual: el microrrelato. III Congreso Internacional de Minificción 2004, Andrés Cáceres Milnes y Eddie Morales Piña, Universidad de Playa Ancha, Valparaíso; Escritos Disconformes Nuevos modelos de Lectura, Francisca Noguerol Jiménez, Aquílafuente. Ediciones Universidad de Salamanca, 2004. Sus últimas novelas publicadas por Ceibo Editores son: Letradura de la rara (2013) y Agustina la salteadora a la sombra de Manuel Rodríguez(2015).
 
 
Descansa en paz, querida Virginia
 












David Moreno Sanz

Jacek Yerka





Sueños cumplidos


Las palabras que aprende antes de dormir, con los primeros rayos de luz aparecen escritas en el vaho de la ventana. Con ayuda de papá y mamá las lee en voz alta antes de ir a desayunar, y de camino a la cocina, se encuentran con un erizo, al girar por el pasillo las alas de una libélula le acarician la mejilla y sentado en su hamaquita le sonríe una cría de tiranosaurus. Días anteriores fueron chimenea, elefante, dragón, caballito de mar. Esta mañana apareció escrita la palabra abuela y después de leerla, sorteando lágrimas, la magia hizo el resto.



Rueda de reconocimiento

Era una sala fría, yerma en adornos, virgen de colores. Unos agentes de policía nos habían conducido hasta ella a horas intempestivas y nos fueron colocando sobre una tarima junto a otras parejas de supuestos padres. A Ángela y a mí nos tocó detrás de un cartel con el número 4. De repente, se iluminó un foco que inició el recorrido. Cuando se posó en nuestros cuerpos temblorosos, nos agarramos las manos con fuerza, esperando que no pasara de largo, susurrando que éramos nosotros, que nada de castigos ya, que chuches las que quisiera. 



Las cuatro estaciones

Lucas se encuentra en la primera planta de la Biblioteca Municipal, sección Narrativa, en el pasillo de la “C” de Cervantes, Cortázar… cuando enfrente, en el pasillo de la “D” de Dickens, Dostoioevski… ve una cara de mujer que le resulta conocida. Frunce el cejo, se rasca la barbilla, no recuerda quién es, la bufanda y el gorro de lana que lleva no le facilitan la tarea, pero está seguro de que han coincidido antes. De repente las estanterías cambian de coloración, del clásico marrón nogal, al rojo, naranja y ocre en diferentes tonalidades, y la superficie de las mismas comienzan a resquebrajarse por el peso de la melancolía. Lucas sigue pensando en esa cara, tan tan agradable que no es consciente del remolino de viento que arranca hojas de los libros y caen al suelo formando un manto otoñal. Esa cara… Tan centrado está que tampoco siente el calor soporífero que se instala ahora en la sala, a los usuarios les queman las tapas de los ejemplares y no pueden más que soltarlos. Esta situación no dura mucho, lo justo para que Lucas viaje en el tiempo retrocediendo unos años, de estación en estación. La temperatura es suave, huele a flores, se oyen cantar pajarillos y él camina de la mano de una niña. Le acaba de dar un beso en su inocente mejilla.



Carencias

Un tipo que vive solo llega a casa, abre la puerta, la cierra tras de sí, se introduce en el pasillo y sale a recibirle un gato que no tiene. Ante la sorpresa inicial permanece quieto hasta que ese mismo gato se frota contra sus piernas. Le prepara entonces un plato de leche con galletas pero éste insiste en conducirle primero a la habitación de los hijos que no tiene para que les arrope y dé dos besos de buenas noches y después hasta la cama donde duerme la mujer que tampoco tiene. Confuso se pone el pijama, se lava los dientes y se tumba a su lado para descansar del duro día de trabajo que no tiene. Y piensa en mañana, en el futuro. 



Rompecabezas

De Sara me he quedado sus ojos verdes, de Noelia sus labios carnosos, de Alicia su cabello negro azabache, de Cristina sus largas piernas, de Patricia su generoso corazón y así he ido recomponiendo a la mujer de mis sueños. Ahora con las manos manchadas de sangre me pregunto qué hacer con todas las piezas que sobran.




David Moreno Sanz (Zaragoza)

Conocido en la blogosfera como No Comments o el indio. Empezó en el género de los microrrelatos por mediación de algún hechicero, sólo así se explica que un hombre en origen de ciencias se vea atrapado en el mundo de las letras.
Desde febrero de 2012 administra el blog microSeñales de humo (http://microseñalesdehumo.blogspot.com)
Representa la continuación de uno anterior que se abrió en el 2009 (http://nocomentsno.blogspot.com)
En estos años ha conseguido alguna distinción y ha publicado en algunos libros recopilatorios (Antología Triple C, De antología: la logia del microrrelato…)  y revistas tanto impresas como digitales dedicadas a lo breve.
En 2014 autopublicó (Bubok) su primer libro de microrrelatos: microSeñales de Humo.





Besa las estrellas, querido maestro René Avilés Fabila

René Avilés Fabila
 
René Avilés Fabila (México,15 de noviembre de 1940-9 de octubre de 2016) fue catedrático universitario desde hace 50 años de la UNAM y, desde hace 36, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En su amplia bibliografía destacan las novelas Los juegos, El gran solitario de Palacio y El amor intangible; los volúmenes de cuentos Hacia el fin del mundo, El Evangelio según René Avilés Fabila y El bosque de los prodigios y los libros autobiográficos Recordanzas, Memorias de un comunista y Antigua grandeza mexicana.

Inició su carrera literaria en 1960. Se formó principalmente con los escritores Juan José Arreola, Juan Rulfo, José Revueltas, Ermilo Abreu Gómez y Francisco Monterde.

Su labor periodística fue amplia, colaboró en La Crónica y Excélsior. Fue presidente del Premio Nacional de Periodismo 2013 de carácter ciudadano que auspició la Universidad Benito Juárez de Tabasco.

Sus cuentos figuran en multitud de antologías nacionales e internacionales y parte de su obra literaria ha sido traducida al inglés, francés, alemán, italiano, chino, ruso y coreano.

Al cumplir 50 años como literato, académico y periodista, Avilés Fabila recibió diversos homenajes donde participaron la UAM, la UNAM, el IPN, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el INBA. (En Cronica.com.mx)



Microrrelatos de René Avilés Fabila


La comida del distraído


Llegó al lujoso restaurante y el mesero, por descuido, en lugar de ofrecerle la carta, le entregó la cuenta.

El cliente vio la abultada suma y sin más pagó añadiendo una generosa propina.

Salió a la calle sintiéndose terriblemente satisfecho: la comida había sido magnífica, los vinos también y el postre insuperable; caminaría un poco para ayudar a la digestión.


Burocracia


(Después de leer El testamento de Orfeo de Jean Cocteau)

Un elegante ujier le pidió al poeta que esperara para ver al señor ministro. Así lo hizo. Pero tanto aguardó que cuando al fin fue recibido, el ministro era ya presidente de la República.


El más extraño de los animales prodigiosos

Dentro de esa jaula de grandes proporciones, pasta tranquilamente una rara especie. Ningún letrero lo anticipa. Algunos expertos en zoología señalan que se trata de un pegaso sin alas, otros más afirman que es un unicornio sin cuerno. La gente sencilla, que se arremolina en el lugar, prefiere decirle caballo.


Hambre


Desperté con un apetito atroz e inaplazable; me dirigí a la cocina: el refrigerador estaba vacío; de una alacena obtuve un libro con decenas y docenas de sabrosísimas recetas; de inmediato lo herví en la olla de presión y luego puse la mesa dispuesto a darme un suculento banquete con sus páginas.


Los fantasmas y yo


Siempre estuve acosado por el temor a los fantasmas, hasta que distraídamente pasé de una habitación a otra sin utilizar los medios comunes.


Trabajo asegurado

Al morir, los arpistas van directamente al Cielo en donde nunca padecen desempleo.


Wells y Einstein

Aquel científico necesitaba saber qué sucedería si en la máquina del tiempo retrocedía al momento en que sus padres estaban por conocerse e impedía la relación.

Llegó a esa época sin mayores dificultades. Un joven llegaba al pueblo en donde el destino le depara una esposa. De inmediato supo quién era. No en balde había visto fotografías del viejo álbum familiar. Lo que hizo a continuación fue relativamente sencillo: convencer a su padre que allí no estaba el futuro, que mejor fuera a una gran ciudad en busca de fortuna. Y para cerciorarse lo acompañó a la estación de ferrocarril. Se despidieron y mientras desde la ventanilla una mano se agitaba, el riguroso investigador sintió cómo poco a poco se desvanecía hasta convertirse en nada.


La esfinge de Tebas

La otrora cruel Esfinge de Tebas, monstruo con cabeza de mujer, garras de león, cuerpo de perro y grandes alas de ave, se aburre y permanece casi silenciosa. Reposa así desde que Edipo la derrotó resolviendo el enigma que proponía a los viajeros, y que era el único en su repertorio. Ahora, escasa de ingenio, y un tanto acomplejada, la Esfinge formula adivinanzas y acertijos ingenuos, que los niños resuelven fácilmente, entre risas y burlas, cuando van a visitarla a su morada, durante el fin de semana.


Perversiones
 
La correspondencia y las autobiografías son como el espejo: un invento perverso para desatar la vanidad.


No nos olvidemos mutuamente

Nunca olvidaré los ojos fríos del hombre que conducía a toda velocidad e irresponsablemente su automóvil: fue un impacto brutal y mi cuerpo quedó destrozado, del mismo modo espero que él jamás olvide los míos, abiertos por la angustia, el dolor y la desesperación de la muerte.


El hombre infeliz

Siempre detesté la felicidad. No hubo día en que no batallara contra la estúpida sonrisa y sus manifestaciones rudimentarias y prosaicas. Hoy al fin logré eliminarla de mi vida mediante un pistoletazo muy preciso en la sien.


Amor eterno

Alicia dijo que lo amaba como a nadie. Hicieron el amor en una infinita y suave dulzura, con tiernas caricias. Pero aquella era la última ocasión que estaban juntos. Ella partía al día siguiente. Al concluir, Alicia habló: No puedo dejarte aquí, tienes qué venir conmigo. Es lo que más deseo en el mundo y sé que tú también lo quieres. ¿Cómo iré contigo?, preguntó emocionado su amante. Ya lo sabrás, repuso la mujer. Fue hasta un maletín y extrajo un bisturí; con la habilidad de un cirujano fue cortando cada uno de los miembros de su compañero. Cuando hubo terminado los colocó cuidadosamente dentro de su equipaje. De ese modo, Alicia regresó a su patria. Para fortuna suya en la aduana no revisaron sus maletas. Al llegar a casa, con impaciencia, sacó las partes de su amado y las cosió. Una vez completo, le dijo: ahora sí ya estamos juntos para siempre, nada podrá separarnos, y lo besó con todo el amor que le era posible.


Infidelidad a la luz de la teoría de la relatividad


Fue descubierto en plena infidelidad por su esposa (¡Y en mi propia casa, canalla!), pero no se preocupó mayor cosa: simplemente –recordando al viejo Einstein– avanzó a tal velocidad, a la de la luz, que regresó al punto anterior a la vista de su amante. Sin embargo, tuvo la sensación de que no había hecho el amor: comenzó a acariciar a la hermosa mujer y el pasado se reprodujo. Una vez que se amaron la esposa apareció en la recámara. De nuevo no tuvo más salida que moverse rápidamente y reinició el adulterio. Otra vez quiso evitar el terrible encuentro y fue imposible. Así quedó atrapado (condenado) dentro de un incómodo e infinito círculo vicioso. Todo por no aceptar la escenita de los celos.


Adán y Eva

Amanecí nuevamente con las costillas intactas: ninguna mujer me acompañaba.

Sin embargo, siento dolor en el pecho.

Algo crece dentro de mí. Ojalá sea Eva.

Inquieto la espero

y la amo.


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En: Minificción de los jueves. Selección de Violeta Rojo.